
Cuando entró Cristina Puig en el estudio de Proyecto Intermundo, dejé el ejemplar de La sociedad en la sombra donde la conocí en la mesa y la saludé con más entusiasmo del que requería mi profesionalidad. La periodista que me presentó Marta Molins escondía muchísimo más tras su apariencia delicada. Y yo lo sabía gracias a todo lo que había leído sobre ella.
La invité a tomar asiento y, antes de sentarme en mi silla, le pregunté:
―¿Quieres tomar algo?
―Sí, gracias, una Coca cola zero estará bien.
Abrí el frigorífico y saqué una lata que le ofrecí junto a un vaso. Ella se sirvió y se recolocó en el sofá, preparada para empezar la entrevista, así que comencé con la primera pregunta que tenía preparada:
―¿Cuál ha sido el momento más determinante en tu vida, Cristina?
―El suicidio de mi mejor amigo cuando yo tenía 19. ―Su voz sonaba lejana, cansada, nostálgica―. Me llamaron para contármelo y pasé años muy oscuros de duelo tras eso.
―Siento mucho por lo que tuviste que pasar. Debió ser algo durísimo de vivir.
Cristina dio un trago a su bebida y no quise forzarla a continuar reviviendo aquel episodio. Por lo que continué con la entrevista:
―Si pudieras, ¿cambiarías algo de tu pasado?
―No, hay que tirar pa’lante con la vida, Alba.
Me reí con ella. Su naturalidad resultaba adictiva y ya empezaba a disfrutar de su compañía tanto como disfruté de leer sus aventuras.
―¿Con quién has tenido más afinidad en tu historia?
―Con Ángel, por supuesto, y con Mateo. Son con quienes mejor me llevo y en quienes más confío.
―¿Y con quién has tenido menos afinidad?
Soltó una risita nerviosa antes de contestar:
―Con Mateo. Es que no me fio de casi nadie, siempre esconden algo. Pero ya sabes lo que dicen, ten a tus enemigos cerca y todo eso.
Sonreí al recordar la relación de amor odio que tenían Mateo y Cristina y no me sorprendió que lo eligiera para ambas respuestas. Las relaciones pueden llegar a complicarse mucho cuando se ven envueltas en una red de enigmas tan grande como la que ellos enfrentaron.
―¿Tienes algún referente en tu vida?
―¡Oh! Sí, de mayor quiero ser como mi amiga Laia. ¡Es lo más!
―Es una suerte tener amistades así, la verdad. Y dime, Cristina, ¿cómo te describirías en tres palabras?
―Analítica, negociadora, estratega.
Asentí al recordar los momentos de la novela en la que la vi comportarse de aquella manera y me pareció una descripción justa. Bajé la vista a los papeles y formulé la siguiente pregunta, quizás una de las más profundas de la entrevista:
―¿Qué lección crees que podría aprender alguien que leyera tu historia?
―Que nadie elige quién vive, quién muere y quién cuenta la historia.
―Ya llegamos al final de la entrevista. Mi última pregunta para ti es: ¿qué animal serías?
―Un lobo. I protect the family ―añadió fingiendo una voz más grave.
Ambas rompimos a reír. No podía haber dado una respuesta más acertada. Entre risas y anécdotas, decidimos irnos a pasar la tarde a un bar. Estuvimos tomando algo en un ambiente distendido y acabaron uniéndose Ángel, Mateo y… Bueno, ya sabes, otra persona que acabó siendo importante en la vida de Cristina cuyo nombre, por miedo al spoiler, no revelaré. Pero si quieres conocer mejor a esta periodista y los misterios en los que se ve envuelta, no deberías perderte La sociedad en la sombra, de Marta Molins.
Gracias, mente inquieta, por visitar Intermundo.
Nos leeremos en otra ocasión, … o en otro mundo.


